Gritas y luego te pesa
No quieres educar desde el miedo, pero hay momentos en los que la situación te supera.
Pautas para sostener límites sin vivir la crianza desde el miedo, la culpa o la sensación de llegar siempre tarde.
El cambio empieza cuando dejamos de mirar solo la rabieta y empezamos a entender el ciclo completo.
No quieres educar desde el miedo, pero hay momentos en los que la situación te supera.
Aguantas demasiado, avisas varias veces y acabas poniendo el límite con intensidad.
Después del conflicto dudas de todo: si has sido demasiado dura/o o demasiado permisiva/o.
Rabietas, pantallas, sueño, normas o hermanos ocupan más energía de la que tienes.
Se trata de entender qué pasa antes, durante y después del conflicto para responder con más presencia y menos piloto automático.
Qué lo enciende: cansancio, prisa, límites poco claros, miedo al conflicto.
Una respuesta concreta que puedas sostener incluso cuando el día está difícil.
Volver a conectar después del enfado sin negar el límite ni quedarte atrapada/o en culpa.
Llegas con una escena concreta: gritos, rabietas, límites, culpa o agotamiento. Salimos con un primer mapa de trabajo y una dirección más clara.
No se trata de elegir entre ser firme o ser cariñosa/o. Se trata de unir límites, respeto y conexión.
Saber qué límite toca y cómo sostenerlo.
Actuar antes de que todo explote.
Volver al vínculo después del conflicto.
Educar sin vivirlo como un examen diario.
Es habitual llegar con cansancio y culpa. Se trabaja desde escenas concretas para entender qué se repite y elegir pautas más sostenibles.
Sí. Puede ayudaros a ordenar criterios, hablar de límites y reducir el desgaste cuando cada uno responde de una forma.
No necesariamente. En una primera sesión se valora qué formato tiene más sentido y qué información hace falta para empezar.
Sí, pero no como recetas rígidas. Las pautas se adaptan a vuestra realidad, al momento familiar y a lo que ya habéis intentado.
La culpa no se usa para juzgarte. Se mira con cuidado para transformarla en información útil y pasos posibles.
No hace falta que la crianza esté desbordada para pedir ayuda. Puede bastar con notar que algo se repite y querer hacerlo distinto.
Primera sesión 50 € · Madrid y online